4 abr. 2010

Nueve años


Acaso un fragmento… un tibio fragmento perdido, sin dueño, sin origen. Una gota roja y anónima. Un vuelo. Un trino en la tarde. Un cielo gris. Una hoja quieta.
Un silencio mínimo y misterioso.

La melancolía de las horas vacías. El recuerdo: la mano, la piel, la voz. El alma buena.
Un fruto negro y amargo. La sal que cura. La sal de las heridas.

Y él abajo, siempre, polvo al polvo, raíz, semilla.
Él cansado, ido, sin paz, derrotado.
El terrón deshecho, la ceniza fría, la sombra del olivo.
Ninguna esperanza, ningún anhelo. Lo que terminó, y lo que nunca se termina, lo que quedó en pie, lo que van derribando los vientos y los días.
La ruina que el tiempo perdona.

Un lugar en el mundo, ese lugar, para siempre.