11 sep. 2006

Tiempo presente

Entraron, subieron la escalera. Antes aún que llegaran al tope, los saludó la música. Tardó unos instantes en reconocerla, en tomar conciencia: “Qué oportuno”, pensó, “justo tenía que ser Sabina”. No es que a ella le gustara. Pero le gusta a él. No al de hoy, al otro, al que ni siquiera intenta olvidar. Al que sigue con ella, aun estando tan lejos... Por algunos segundos no prestó más atención a la música. Sus ojos recorrieron la habitación, la decoración pretenciosa pero infrecuente en un fresco azul y blanco, algo barroca, bastante agradable. Dijeron algo, nada importante, sólo para despejar la breve incomodidad inicial. Segundo encuentro, todavía no hay familiaridad en la situación, todavía muchas cosas son una incógnita.
Él se acercó, la abrazó, se besaron. Cerró los ojos, y cuando dejó de mirar, volvió a escuchar: “...en otros ojos me olvidé de tu mirada”, cantaba el español. “Sí, qué oportuno”, pensó ella, y recordó otra boca mientras ésta la besaba.
Fue una noche muy larga. Cuando amaneció, se vio el pequeño jardín a través del ventanal, el cielo, las azaleas florecidas.
Sonrió. Movió su mano para acariciar el cuerpo a su lado.
Sabina no había vuelto a escucharse en toda la noche.