30 dic 2005

Sobre cambios y elecciones

Hoy me contaba mi jefa, que tiene 54 años y 32 de casada (todos con el mismo tipo):

“Antes yo no iba a bailar, porque a mi marido no le gusta. Durante muchos años, no fui a bailar, por respetar sus gustos. Hasta que un día me di cuenta que me estaba privando de algo que a mí me gusta mucho, y eso no es bueno. No es bueno no hacer lo que uno tiene ganas de hacer. Entonces le dije a mi marido: Voy a empezar a hacer lo que yo quiera, aunque a vos no te guste. No es necesario que vos hagas nada que no te guste. Pero si no querés que yo haga lo que quiero, tenés que dejar de comer como una bestia todo lo que se te pone por delante. Así que elegí: la comida, o mi libertad. Desde entonces, hago siempre lo que quiero.”

Me alegré por ella, que supo darse cuenta de que algo no estaba bien y decidió cambiar a tiempo.
Me compadecí de él, que tiene un mundo tan chico y tan mezquino.
Pero lo más sorprendente, es lo que quedó entre líneas: la astucia de ella, que al elegir la moneda de cambio con él, lo enfrentó con una opción imposible, en la que siempre salía ganadora.
Y la miseria de él, que cuando creyó elegir en realidad se sometió, más que antes, peor que nunca, a sus propias compulsiones.